Acabo de darme cuenta de algo interesante sobre cómo realmente despegó BUIDL. Todos asumían que las instituciones serían los principales compradores, pero eso no fue en absoluto lo que sucedió.



¿La verdadera historia? Los protocolos DeFi se convirtieron en los principales adoptantes. Ethena, Ondo, Frax, Spark, todos integraron BUIDL en sus sistemas, pero no por las razones que tendría la finanza tradicional. No buscaban rendimiento. Necesitaban tres cosas específicas: claridad legal bajo la ley de valores, composabilidad en cadena y estándares de cumplimiento existentes. BUIDL fue literalmente el único activo que cumplía con los tres requisitos simultáneamente.

Lo que es sorprendente es cómo cada protocolo encontró un caso de uso diferente. Ethena usa BUIDL como un buffer en USDtb para manejar tasas de financiación negativas. Ondo lo envolvió como un intermediario para llevar exposición a Tesorería institucional a usuarios minoristas a través de OUSG. Frax lo incorporó en el mecanismo de acuñación real de frxUSD: depositar BUIDL, obtener stablecoins, canjear de vuelta. Spark simplemente asignó $500M de su fondo de premios directamente a BUIDL como parte de un enfoque de cartera.

Pero aquí es donde se vuelve realmente interesante. La demanda no se detuvo en la primera capa. USDtb se convirtió en una reserva para USDm de MegaETH. A medida que más ecosistemas se apilan encima, se genera una demanda compuesta por el activo subyacente BUIDL. Cada nuevo protocolo que se une a esta estructura no compite, sino que añade clientes.

La rapidez de esta adopción es algo que la finanza tradicional no puede igualar. Lo que tomaría meses de revisión regulatoria y contratos legales en cadena, sucede en semanas. Y el marco regulatorio en realidad permite esto: apenas hay restricciones sobre qué activos subyacentes califican.

Creo que esto revela algo que la mayoría de los equipos que construyen activos tokenizados pasan completamente por alto. O asumen que la tokenización en sí misma crea demanda, o intentan copiar los manuales de ventas tradicionales con redes de brokers y relaciones institucionales. BUIDL hizo algo diferente: fue adoptado por protocolos que diseñan mejores productos, no a través de canales de venta. Estos no son clientes en el sentido tradicional. Son constructores que encontraron un activo que resolvía un problema técnico y legal específico, y luego lo integraron en sus sistemas.

Esa es la verdadera visión. Si quieres que surja el próximo BUIDL, debes pensar en qué segmentos de clientes no existen en la finanza tradicional pero están emergiendo en cadena. Los protocolos DeFi son uno. Probablemente haya otros. Pero tienes que diseñar para ellos, no venderles.
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